Venga no se pide mucho para esta actividad, simplemente un poco de concentración unas palabras a las que seguir y por supuesto un par de mandarinas. Ah! que no se nos olvide la fuerza de voluntad a la hora de llevarnos la mandarina a la boca y comerla desde el primer momento.
Pues bien, teniendo los instrumentos necesarios comenzamos.
A simple vista notamos en nuestras manos el roce de esa gajo de mandarina frió y mojado que se va haciendo con el tacto de nuestras manos, todo el tacto se centra en el gajo. Siempre con los ojos tapados claro.
Tras varios minutos de tocamientos del gajo y rozamientos con nuestras manos os concentramos en nuestra respiración, siempre guiándonos por las palabras de un segundo. A medida que pasa el tiempo notamos las sensaciones que nos deja la mandarina y nos disponemos a olerla. Es olor que todos sabemos y apreciamos. En cuanto realizas este ejercicio el olor de la mandarina te tiene un olor muy distinto a un día cotidiano en el que decides comerte una. Sensaciones únicas que solo sabrás si lo realizas. Ese olor tan dulce te hace recordar y pensar en cosas.
Luego de un rato nos disponemos a meterla en la boca y jugar con ella con la lengua. Mientras juegas notas de nuevo sensaciones, sensaciones que nunca antes habías apreciado. Al morderla puedes notar los pequeños saquitos que son los que contienen el zumo de la mandarina.
Una experiencia única y barata.Y
Ya sabéis gente... A hacerla, yo la hice el lunes.
¿Y si extiendes la experiencia a otros ámbitos de tu vida?
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